Erase el día de ayer, y como siempre, esperando para hacer unas cosas sencillas, me topé con la puerta de lo que será el teatro dentro de unos meses, la puerta tan brillante y barnizada, con color marrón tirando para caramelo, me llamaba la atención, y lo mejor de todo alguien había dejado una llave en la puerta, como si alguien me dijera que entre, no lo pensé dos veces y lo hice.
Al entrar vi el teatro y me quedé pasmado, todo estaba tan limpio, tan nuevo, como si nadie hubiera pisado el lugar antes, los acabados eran impecables, el suelo de madera y lustrada, los barandales también de madera, estaban barnizados, las cortinas de color rojo oscuro, de terciopelo, y con bordes dorados, las sillas de los espectadores parecían butacas de cine, de colores negro y azul oscuro, al sentarme ahí me sentía en unos de esos cines de los años 30, con prestaciones de la era actual claro.
Al momento de caminar hacia el escenario, me sentía una estrella debido a los focos de las luces que estaban en el suelo, y brillaban más fuertes que una linterna común, ya encima del escenario, pude notar tres sillas de la época colonial y una mesa de la misma antigüedad, pero se veían nuevas, como si recién las hubieran hecho, me quede asombrado, todo un escenario, solo para mi por unas horas, hasta que escuché voces afuera, sentía que iba a ser descubierto, así que salí antes de que llegaran las autoridades.
Esas experiencias no se olvidan.
Fin
No hay comentarios.:
Publicar un comentario